Yo, yo misma, mis neuras y mis aún más habituales neuras
Ideado por Cattz
a las
6:40
Yo intento ser buena. Intento pensar más en positivo, intento no darle muchas vueltas a la cabeza, intento alejar determinados pensamientos para no darle importancia a cosas que para la mayoría de la gente no la tiene.
El problema, claro está, es que sigo siendo yo. Y si me mantienes ocupada un mes y pico con compañía constante o con un bebé haciendo monerías pues no pienso y soy feliz. Pero cuando de repente me encuentro sola me reencuentro con todo y pienso. Y mis neuras vuelven con fuerza.
Creo que he batido mi récord y han sido casi 6 meses desde la última vez. Y eso que mis series siguen sin ayudar, ni las pelis, ni los libros de Bujold. Tampoco tuiter con mi primer ex compartiendo en mi TL cómo empieza vida en un pueblo con su mujer. O encontrarme a una de sus exnovias embarazada por el barrio, exnovia que es más joven que yo. A ver, no está embarazada de él (que así dicho, lo parece) pero es alguien a quien conocí bien un tiempo y no era precisamente del tipo hogareño...
Y yo sigo sin mi promesa. Un mes juntos y no le ha salido decírmelo a la cara, mirándome a los ojos, aunque sea con un cordel de La Guita. Que también es cierto que aquí el rebujito no se estila y habría sido raro de narices, pero siempre puede ser una ramita verde de un árbol o un trozo de cordón de un zapato. Incluso el lazo morado que se me rompió de mi camiseta de flores. Y luego se fue y ahora se está yendo aún más lejos (de 1 757,97 km pasa a 2 523,23 km me chiva Google Maps).
¿Por qué me jode tanto? Está claro que solo es importante para mí y para nadie más. Como si una vaga promesa pudiera disipar todas las nubes del presente y del futuro, como si pudiera hacer que dejara de preguntarme qué coño estoy haciendo con mi vida, malgastando energías en una relación a distancia que se mantendrá así varios años más. ¿Merece la pena? La espera, las dudas, los nervios... me corroen por dentro porque... porque ya he pasado por ello, porque en mi experiencia algo así, a tan largo plazo, no termina bien. Porque cuando él se va ya no me siento segura, ni feliz. Simplemente me siento sola y ni siquiera tengo ganas de hablar con él porque se ha ido y no me lo ha prometido. Porque sabe lo que significa para mí y una vez más me quedo en plan Penélope; solo esperando.
He desactivado los comentarios, no quiero ánimos, ni preguntas, ni emails, ni consejos. Solo quiero poder usar mi blog para desahogarme. Porque lo necesito y él está muy lejos. Y porque si se lo digo a él volverá a saberlo y me sentiré increíblemente decepcionada porque lo sepa y lo ignore. Y culpable por hacer que piense que me hace desgraciada.
El problema, claro está, es que sigo siendo yo. Y si me mantienes ocupada un mes y pico con compañía constante o con un bebé haciendo monerías pues no pienso y soy feliz. Pero cuando de repente me encuentro sola me reencuentro con todo y pienso. Y mis neuras vuelven con fuerza.
Creo que he batido mi récord y han sido casi 6 meses desde la última vez. Y eso que mis series siguen sin ayudar, ni las pelis, ni los libros de Bujold. Tampoco tuiter con mi primer ex compartiendo en mi TL cómo empieza vida en un pueblo con su mujer. O encontrarme a una de sus exnovias embarazada por el barrio, exnovia que es más joven que yo. A ver, no está embarazada de él (que así dicho, lo parece) pero es alguien a quien conocí bien un tiempo y no era precisamente del tipo hogareño...
Y yo sigo sin mi promesa. Un mes juntos y no le ha salido decírmelo a la cara, mirándome a los ojos, aunque sea con un cordel de La Guita. Que también es cierto que aquí el rebujito no se estila y habría sido raro de narices, pero siempre puede ser una ramita verde de un árbol o un trozo de cordón de un zapato. Incluso el lazo morado que se me rompió de mi camiseta de flores. Y luego se fue y ahora se está yendo aún más lejos (de 1 757,97 km pasa a 2 523,23 km me chiva Google Maps).
¿Por qué me jode tanto? Está claro que solo es importante para mí y para nadie más. Como si una vaga promesa pudiera disipar todas las nubes del presente y del futuro, como si pudiera hacer que dejara de preguntarme qué coño estoy haciendo con mi vida, malgastando energías en una relación a distancia que se mantendrá así varios años más. ¿Merece la pena? La espera, las dudas, los nervios... me corroen por dentro porque... porque ya he pasado por ello, porque en mi experiencia algo así, a tan largo plazo, no termina bien. Porque cuando él se va ya no me siento segura, ni feliz. Simplemente me siento sola y ni siquiera tengo ganas de hablar con él porque se ha ido y no me lo ha prometido. Porque sabe lo que significa para mí y una vez más me quedo en plan Penélope; solo esperando.
He desactivado los comentarios, no quiero ánimos, ni preguntas, ni emails, ni consejos. Solo quiero poder usar mi blog para desahogarme. Porque lo necesito y él está muy lejos. Y porque si se lo digo a él volverá a saberlo y me sentiré increíblemente decepcionada porque lo sepa y lo ignore. Y culpable por hacer que piense que me hace desgraciada.
Cattz