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Notitas y cartas.
Ideado por Cattz
a las
13:53
Personalmente siempre me han gustado mucho las notitas inesperadas. De ésas que ponen "Me fui antes de que te despertaras, estabas preciosa y te quiero" no de las de "Hay que comprar leche y se nos está acabando el papel higiénico". Me gusta encontrarlas y me gusta dejarlas, herencia materna. Mi madre cuando se iba de viaje nos dejaba notitas escondidas en la cama perfumadas con su colonia. Para que nos acordásemos de ella, para que su olor nos confortara y para vigilar si mi padre dormía en la cama o se pasaba las noches en el sofá viendo la tv.
Desde los primeros viajes que hicimos Mentiroso y yo para vernos empecé a meterle notitas en el equipaje cuando no miraba; un pequeño texto que encontrara cuando llegara a casa y le recordara que estuvimos juntos y que le quiero. Su primera nota me la dejó en la pizarrita magnética que tengo en la cocina y la tuve durante semanas hasta que la borré, sacándole antes una foto para conservarla siempre. He fallado una vez y sé de buena tinta que aunque le dije que no había podido poner la nota él revisó exhaustivamente el equipaje al volver por si las moscas.
Una cosa de la que me enteré cuando empecé a salir con él es de que nunca le habían escrito. Yo ya había nacido en una generación al límite del email y el snail mail en el que las cartas de amor básicamente se reducían a mis últimos años de adolescencia cuando estaba de vacaciones. Aún los móviles no eran de uso común y los portátiles(y la conexión a internet) estaban fuera del alcance. De todas formas casi todos mis mensajes de amor fueron a través de Fidonet, del módem de 14400 y de dos llamadas telefónicas diarias para bajar el correo de la BBS. Escribir cartas es complicado cuando te cuentas prácticamente todo en tiempo real.
Aún así hay una magia especial en el papel y la tinta, así que cuando escribí el email cursi definitivo que haría parecer a los Osos Amorosos camorristas punkies amantes del heavy metal más trash no pude enviarlo. Porque la letra Times New Roman no acompañaba el cursilismo que reinaba. Quedaba rarísimo envíar algo tan empalagoso, amoroso y cierto con la misma letra con la que leí el tochazo insufrible que es el Código Técnico de la Edificación. Busqué en mi habitación papel (no fue fácil encontrar folios blancos), un sobre y algún boli que escribiera bien y plasmé el mismo contenido en un envase más mío. Mi letra no es bonita pero está hecha a mano y el contenido de la carta no tiene fecha de caducidad; lo que escribí era cierto ese día y sigo pensando lo mismo hoy. Y sería su primera carta, que casi era lo que más ilusión me hacía de todo el tinglado.
A esa primera carta le siguió otra con folio y sobre rústicos y lacrado (aunque Correos destrozó casi todo el lacre por el camino, snif snif) y pienso mandar más en el futuro. A él le gusta recibirlas y a mí me encanta poder hacer el tonto de esta forma y que no se avergüence de mí.
Cuando este fin de semana vino a verme decidió juntar las dos cosas: combinaría la primera carta que me escribía con la habitual notita que me deja escondida por algún rincón de mi casa. Calculó el tiempo exacto en que mandarla para que llegara a mi casa 24 horas después de que se hubiera marchado y la dejó alegremente en manos de Correos. Mentiroso se marchó ayer. La carta, por supuesto, llegó el sábado XD
Desde los primeros viajes que hicimos Mentiroso y yo para vernos empecé a meterle notitas en el equipaje cuando no miraba; un pequeño texto que encontrara cuando llegara a casa y le recordara que estuvimos juntos y que le quiero. Su primera nota me la dejó en la pizarrita magnética que tengo en la cocina y la tuve durante semanas hasta que la borré, sacándole antes una foto para conservarla siempre. He fallado una vez y sé de buena tinta que aunque le dije que no había podido poner la nota él revisó exhaustivamente el equipaje al volver por si las moscas.
Una cosa de la que me enteré cuando empecé a salir con él es de que nunca le habían escrito. Yo ya había nacido en una generación al límite del email y el snail mail en el que las cartas de amor básicamente se reducían a mis últimos años de adolescencia cuando estaba de vacaciones. Aún los móviles no eran de uso común y los portátiles(y la conexión a internet) estaban fuera del alcance. De todas formas casi todos mis mensajes de amor fueron a través de Fidonet, del módem de 14400 y de dos llamadas telefónicas diarias para bajar el correo de la BBS. Escribir cartas es complicado cuando te cuentas prácticamente todo en tiempo real.
Aún así hay una magia especial en el papel y la tinta, así que cuando escribí el email cursi definitivo que haría parecer a los Osos Amorosos camorristas punkies amantes del heavy metal más trash no pude enviarlo. Porque la letra Times New Roman no acompañaba el cursilismo que reinaba. Quedaba rarísimo envíar algo tan empalagoso, amoroso y cierto con la misma letra con la que leí el tochazo insufrible que es el Código Técnico de la Edificación. Busqué en mi habitación papel (no fue fácil encontrar folios blancos), un sobre y algún boli que escribiera bien y plasmé el mismo contenido en un envase más mío. Mi letra no es bonita pero está hecha a mano y el contenido de la carta no tiene fecha de caducidad; lo que escribí era cierto ese día y sigo pensando lo mismo hoy. Y sería su primera carta, que casi era lo que más ilusión me hacía de todo el tinglado.
A esa primera carta le siguió otra con folio y sobre rústicos y lacrado (aunque Correos destrozó casi todo el lacre por el camino, snif snif) y pienso mandar más en el futuro. A él le gusta recibirlas y a mí me encanta poder hacer el tonto de esta forma y que no se avergüence de mí.
Cuando este fin de semana vino a verme decidió juntar las dos cosas: combinaría la primera carta que me escribía con la habitual notita que me deja escondida por algún rincón de mi casa. Calculó el tiempo exacto en que mandarla para que llegara a mi casa 24 horas después de que se hubiera marchado y la dejó alegremente en manos de Correos. Mentiroso se marchó ayer. La carta, por supuesto, llegó el sábado XD

