10
Caos
Ideado por Cattz
a las
17:30
Cuando llegaste a casa yo estaba llorando en albornoz; cumplía 19 años y hacía 10 días me había dejado mi novio. Cuando llegaste a casa estabas metido en un cesto de ropa sucia, oliendo a caca y llorando. Éramos dos piltrafillas tú y yo: yo un asco de humana, tú un asco de gatito.
Eras el gatito más feo que había visto jamás: orejudo, flaquísimo, asustadizo, con cara de loco y el tercer párpado que señalaba que no llegabas con buena salud. Creo que nadie en su sano juicio te hubiera querido con esa pinta pero, afortunadamente, mis padres se quedaron sin opciones cuando la preciosa gatita blanca que habían conseguido voló hacia otro hogar en el último minuto.
Llegaste como segunda opción, enfermo, con parásitos, con fiebre, con diarrea... todo te daba miedo. Te escondías detrás de la lavadora maullando lastimeramente. La veterinaria nos dijo que era probable que murieras aunque te tratáramos, pero que era seguro que ibas a morir si volvías a la casa de donde saliste. Mi madre no quería que murieras en casa y quería devolverte... 14 años después nos dijo que ni se nos ocurriera dejarte ir si ella no estaba a tu lado porque se había ido de viaje y no se había despedido de ti.
Estamos llorando. No por ti, por nosotros. Hoy te hemos dejado marchar y se nos ha roto el alma en trocitos. Pienso que no volveré a verte más y se me encoge el corazón. Nunca volveré a oírte maullar un "te quiero", ni perseguir aceitunas o pegar a Eme. A veces me sacabas de quicio con esas manías tuyas de que a las 6 de la mañana no dormía nadie porque había que darle agua al gato. Pero te he querido con todas mis fuerzas y siempre te querré.
En momentos como este odio ser atea, porque querría con todas mis fuerzas poder volver a achucharte, notarte ronronear en mis brazos y que restriegues tu cara contra mi nariz.
Te adoro, gordo.
Eras el gatito más feo que había visto jamás: orejudo, flaquísimo, asustadizo, con cara de loco y el tercer párpado que señalaba que no llegabas con buena salud. Creo que nadie en su sano juicio te hubiera querido con esa pinta pero, afortunadamente, mis padres se quedaron sin opciones cuando la preciosa gatita blanca que habían conseguido voló hacia otro hogar en el último minuto.
Llegaste como segunda opción, enfermo, con parásitos, con fiebre, con diarrea... todo te daba miedo. Te escondías detrás de la lavadora maullando lastimeramente. La veterinaria nos dijo que era probable que murieras aunque te tratáramos, pero que era seguro que ibas a morir si volvías a la casa de donde saliste. Mi madre no quería que murieras en casa y quería devolverte... 14 años después nos dijo que ni se nos ocurriera dejarte ir si ella no estaba a tu lado porque se había ido de viaje y no se había despedido de ti.
Estamos llorando. No por ti, por nosotros. Hoy te hemos dejado marchar y se nos ha roto el alma en trocitos. Pienso que no volveré a verte más y se me encoge el corazón. Nunca volveré a oírte maullar un "te quiero", ni perseguir aceitunas o pegar a Eme. A veces me sacabas de quicio con esas manías tuyas de que a las 6 de la mañana no dormía nadie porque había que darle agua al gato. Pero te he querido con todas mis fuerzas y siempre te querré.
En momentos como este odio ser atea, porque querría con todas mis fuerzas poder volver a achucharte, notarte ronronear en mis brazos y que restriegues tu cara contra mi nariz.
Te adoro, gordo.
Cattz