Lección para parejas.
Imaginemos que la amorosa muchacha se enamora ipsofácticamente de una preciosa orquídea moteada que no tiene aún en su no muy extensa colección.
Imaginemos que la muchacha pregunta el precio para saber si quedándose una semana a base de cuajadas puede llevarse la orquídea a casa, pero el precio (unos imaginarios 22 €) lo convierten en más de 3 semanas de comer cuajadas y decide dejar atrás la muy imaginaria orquídea moteada.
Imaginemos que el amorosísimo muchacho, sonriendo, informa a la encantada muchacha de que si no hubiera preguntado imaginariamente el precio se la habría comprado para regalársela pero ya (imaginariamente) pues no.
Imaginemos por qué cojones el muchacho considera que es buena idea decir eso como si fuera digno de alabanza. Tal vez sea porque:
a) el romántico e imaginario muchacho es tan sensible como una piedra volcánica.
b) el romántico e imaginario muchacho no comprende lo mal que sienta un regalo que te podrían haber hecho pero no porque preguntaste, imaginariamente, lo que no debías sin saber que, imaginariamente, no debías.
c) el romántico e imaginario muchacho esperaba una muestra de imaginario y fogoso afecto ante un doblemente imaginario regalo que no se hizo jamás.
Razonen sus respuestas.