¡¡Felices 35!!
Hoy es un día especial, hasta el punto que voy a colgar mis blogs habituales para dedicarle un pequeño regalo sorpresa al co-blogger de Cattz, ese “nene” que cumple hoy años. Sí, hablo de Zor y tengo ante mí unos de los retos más complicados ante los que se puede encontrar cualquier amigo de verdad, es decir, qué os cuento yo para que no me mate Zor la próxima vez que me vea y cómo se define la amistad verdadera y, ya de paso, le hago un regalo de cumpleaños que llevo bastantes años sin hacérselo :)
Sobre la amistad hay mucho escrito, quizá demasiado, hasta el punto que yo prefiero no hablar de ella, prefiero contar hechos, sucesos, anécdotas y esas vivencias conjuntas para recordarlas. Me he parado unos minutos mirando hacia atrás y teníamos seis años cuando nos conocimos. Toda una infancia juntos en el colegio, unidos por el gran amor a la lectura que ambos profesamos, por unas mesas de colegio polvorientas y rodeados por un grupo de “niños normales” que preferían jugar al fútbol antes que leer a Mortadelo, hablar de la Antártida, la existencia de Dios o las matemáticas.
La amistad no se busca, surge entre las personas y bien es cierto que la amistad verdadera resiste el más grande de los terremotos si los amigos habitan más allá de la piel, en un hueco de nuestro corazón. Ambos hemos crecido con caminos muy diferentes, nuestras vidas han sido como el agua y el aceite pero siempre, cuando ha hecho falta, él ha estado ahí.
Zor es el amigo que no aconseja si no se lo pides, nunca juzga por adelantado y siempre se calza los zapatos de la otra persona a la par que escucha. Es muy complicado en muchas ocasiones estar ahí, confiar, preguntarnos mirando a los ojos qué es lo que pasa o lo que nos abruma. Pero cuando la otra persona te abre el corazón sólo quiere apoyo, ser escuchado y confianza mutua para hablar y compartir nuestras miserias como si fuese con nosotros mismos.
Recuerdo un momento muy amargo para él, quizá de los más duros de su vida, con casi todo en contra por sucesos que no vienen al caso. La amistad verdadera es esa que te basta para que un amigo te cuente qué es lo que ha pasado mirándote a los ojos después de una llamada de teléfono y sepas perfectamente que lo que te cuenta es verdad, sin más sombras o dudas y sirve, también, para que nos recordemos que esos son los momentos en los que hay que estar siempre y hasta donde sea necesario.
Me arrepiento de muchos periodos en blanco, separaciones sin motivos y ese punto que se va perdiendo en los amigos cuando se pierde el contacto, si no cotidiano, con cierta frecuencia. Pero si una amistad es fuerte, resurge porque realmente, como es nuestro caso, nunca se ha ido y cada día que pasa sigue madurando y creciendo con nosotros.
Charlar de lo humano y lo divino, de lo trascendente y lo intrascendente, de apoyarnos, las confidencias delante de una buena mesa, se han convertido en una tónica que sigue edificando granito a granito esa amistad que se tiene con personas que se encuentran al mismo nivel o incluso por encima de los lazos de sangre.
Remo
Todavía recuerdo el primer consejo que me dio Zor, hace algo más de un año, el día en que nos conocimos: "No te leas '2031: Odisea Tres' ni '3001: Odisea Final', regálaselos a tu peor enemigo... O ni eso, nadie se merece tener que sufrir esos libros."
Desde entonces, siempre que ha habido ocasión, hemos quedado ya fuese para tomar una cerveza, visitar alguna feria de libros o hacer de intermediario en los viajes de una taza. Y es que cualquier excusa es buena cuando puedes quedar con alguien que siempre tiene una historia entretenida e interesante que contar, unos alumnos a los que poner a caer de un burro [1], una anécdota que desconocías sobre una película que has visto, una serie que pasarte o una buena recomendación literaria que hacerte. Cualquier excusa es buena para quedar con quien es ya tu amigo, alguien que demuestra día a día ser una fantástica persona y se ha ganado a pulso tu confianza. Así que hoy, de todo corazón, Zor: ¡¡feliz cumpleaños!!
Ah, con respecto a los libros de Arthur C. Clarke... ahí siguen en la estantería cogiendo polvo y sin abrir. Me fío de su criterio con los ojos cerrados.
A Zor le conocí de casualidad comentando en otros blogs que suelo leer. De repente andaba por ahí, opinando sobre todo cuando no le había visto jamás. Me cayó bien desde el principio y creo que le dije que tendría que abrirse un blog para poder seguir soltando sus pensamientos, cierta persona intervino en el momento adecuado sugiriéndome que le dejara un hueco en el mío y no lo dudé. No ha habido un solo día en que me haya arrepentido ni una pizca de esa decisión :)
Empezamos una curiosa relación de casera e inquilino, al fin y al cabo yo no le había visto jamás, pero fue una de esas maravillosas ocasiones en las que mi instinto se porta bien y demuestra tener razón mucho más allá de lo que hubiese creído posible. Zor fue consiguiendo 'logros' y es administrador de pleno derecho de este blog, aún así cada mes le echo la bronca porque insiste siempre en que revise algún post de vez en cuando por si "no se puede publicar" no vaya a ser que no me guste, tengamos problemas o se nos eche encima la opinión pública (que vamos, hay que ser optimista para creer que podemos conseguir un terremoto de la blogosfera desde nuestro rinconcito cerrado).
Por su culpa me he aficionado a Doctor Who, por su culpa tengo tres temporadas en DVD y 2 miniseries británicas basadas en libros de Jane Austen. Por su culpa mi salón es muy 'british' y por su culpa uno de los comentarios que ha recibido mi salón en un concurso de salones es "Me ha encantado tu salón, y que envidia la mini Tardis que hay en el mueble del televisor, porque es una Tardis ¿verdad?". Por su culpa muchas veces me voy a dormir sonriendo o llego a mirar mi portátil y una carcajada asoma cuando me sigue llamando pelirroja. Por su culpa le echo de menos y por su culpa no puedo cocinar rabo de buey sin recordarle. Tiene la culpa de muchísimas cosas buenas en mi vida en estos dos añitos y me avergüenza haberle metido sin querer en algún pequeño lío/malentendido por no contarle todo para no influenciarle.
Zor, eres culpable de buena parte de mi felicidad y me alegro que estés aquí y que seas esa maravillosa persona y ese increíblemente buen amigo.