El juicio...
El 28 de febrero de 2004, en la Universidad Jaume I de Castellón y durante una fiesta de paellas, un grupo de energúmenos se lió a meterle guantazos a una chica. Mi grupo se quedó paralizado porque no sabíamos a qué venía aquello, pero (relativamente) pronto, los amigos de la chica apalizada consiguieron rescatarla y llevarla a una ambulancia.
Unos 5 minutos después la panda decidió que uno de mis amigos les había mirado raro y que estaba demasiado gordo. Y a por él se abalanzaron los seis. Las reacciones fueron diferentes: la novia de mi amigo y mi (por aquel entonces) novio se alejaron prudentemente, los dos tenían la nacionalidad en trámite y no querían tener ningún problema después de 12 años de espera, varios chicos más intentaron detener el ataque en masa... yo tiré mis gafas de sol graduadas al suelo, segura de que si me llevaba un guantazo lo prefería sin cristales en el ojo.
Para cuando vinieron los de seguridad mi amigo tenía una ceja partida, golpes por todos lados y le dolía el cuello. Yo estaba llorando histérica en brazos de mi novio, que me había agarrado para que no volviera al meollo después de que casi me destrozan una rodilla al empujarme al suelo. Total, sólo porque había evitado que le dieran con una garrafa de 8 litros en la cabeza a mi amigo...
Cuando vino la policía me monté en el coche y fui señalando uno por uno a los responsables de la agresión. Después me fui a mi casa, me duché, me fui a currar y me di cuenta de que la rodilla me dolía un montón. Salí de mi turno a la una de la mañana, esperé a que me hicieran unas pruebas en el hospital (rodillera fue lo que me mandaron) y fui a poner una denuncia a la policía.
En fin, me avisaron que sería juicio rápido, y en una semana estaba nerviosísima en los juzgados. Para entonces yo me había olvidado de las caras de todo el mundo (soy penosaaaaaaa) pero me había teñido el pelo y comprado gafas nuevas para evitar que me reconocieran (sí, que pasa, temía represalias). Bueno, pues resulta que nos plantaron a todos en el mismo pasillo: la chica apaleada, los seis energúmenos, mi amigo y yo. Y al cabo de un rato sale un tipo y nos dice que el juicio ya no es juicio rápido porque uno de los implicados tiene una fractura en una mano: la chavala energúmena número 1, que además dice que se lo provocó la apaleada. Tengo que decir que existe esa posibilidad; probablemente la cabrona se partió un hueso al atizarle en la cara a la pobre muchacha.
Avancemos en el tiempo... abril de 2006, Santa Cruz de Tenerife. Mi abuela recibe una llamada de la policía de Castellón, resulta que a los dos días tengo que declarar en el juzgado de Tenerife. Para entonces yo pensaba que aquello se había traspapelado, pero bueno... voy al juzgado, me leen mi declaración (de la que apenas recordaba una mínima parte) y me preguntan si la mantengo. Me reafirmo y me dejan ir a casa.
27 de marzo de 2009, 5 años y un mes después del incidente:Recibo una llamada, la abogada de oficio que me han asignado en Castellón me dice que el fiscal me quiere el próximo martes a las 10 de la mañana allí para hacer un reconocimiento. Lo flipo en colores, le explico que carezco del dinero y el tiempo como para plantarme allí a hacer el tonto, porque con el tiempo pasado sería un milagro que me acordara de alguien. Total, que la mujer lo que ha conseguido es que vayan a hacerlo por videoconferencia... ya ven, no voy a reconocer ni las calles de la ciudad.
Quien sabe, tal vez dentro de 3 años me entere de cómo sigue y me intentan llevar a Castellón desde Santiago de Compostela.