Hace unos días Eme y yo decidimos subir a la Alhambra. Bueno, yo lo decidí y ella me siguió, como siempre. Cogí la bici, nos aprovechamos del poco tráfico que había en calle Elvira, até la bicicleta a un poste de direcciones en Plaza Nueva y empezamos a caminar.
Pocos días atrás (con el comienzo del buen tiempo) yo había mirado los rizos de mi perra, sopesado lo que tardaban en secarse y decidido llevarla al peluquero canino. Como consecuencia, mi perra se parece bastante a una rata gigante muy cariñosa; es mona, pero no está mona.
Cuando subimos me di cuenta de que el corte de pelo no le importaba a la gente. Seguían mirándola, señalándola, llamándola, acariciándola... si algún día se pierde va a tardar 3 minutos en encontrar un nuevo hogar, la muy jodía.