Mi pasado en mi presente
Sin embargo es extraño encontrarte con que te sigue y, a veces, te responde alguien con quien estuviste a los 17 años, esa persona con quien soñaste tener una vida, un matrimonio, unos hijos cuando eras una cría. Cuando aún creías en amores para toda la vida, que el amor todo lo puede y la felicidad en pequeñas dosis puede ser eterna.
Él fue la razón por la que Caos llegó a mi vida, cuando me dejó mis padres me regalaron un gatito para que me animara. Catorce años después él está casado, vive con su mujer y cobra de su vocación. Yo... estoy casi igual que a los 19 años solo que ahora tengo una perra y ya no tengo a mi gatito.
La cuestión es que a mí las sensaciones me conmueven mucho más que los recuerdos porque tengo una memoria malísima. Ya me pasó cuando empecé a ir a las clases de preparación de las opos que eran en su viejo barrio y las primeras veces se me encogía el estómago. Coger esas calles por las que subí tantas veces siendo adolescente rumbo a su casa era un viaje al pasado y los recuerdos y los sentimientos volvían. No volvía el amor o la dicha, volvía la sensación que se me quedó después, de abandono y pena, de lo que yo creía que sería y nunca fue.
Y resulta que Mentiroso a veces me recuerda a él. Es como una versión mejorada de mi primer novio: más guapo, más alto, más cariñoso, más bueno. Pero tienen un "algo" común. Ese sentido del humor idiota, una alegría bastante contagiosa, la carrera de informática, los ojos verdes (aunque Mentiroso los tiene verdes solo a veces, sus ojos son un coñazo de clasificar), las pestañas largas y el pelo oscuro, el que yo sea su primera novia "en serio"... Y los escalofríos me recorren la espalda, me sudan las corvas y se me mete el miedo en el cuerpo. Porque cuando cumplí los 19 me regalaron a Caos para intentar aliviar el dolor del abandono, pero no hay cosa que me puedan dar en mi treintena si Mentiroso decide que quiere estar con otra persona.