Up and down.
Estoy colocada de Trankimazin así que espero que perdonen mis divagaciones y más aún si escribo frases carentes de sentido, cosa que no me parece especialmente difícil.
Veran, yo tengo novio desde hace año y medio. Le llamaremos Mentiroso porque hace año y medio que le vengo llamando así y a lo mejor hay alguien que recuerda que yo escribía hace mil años y sigue mejor la continuidad porque de momento no tenemos editores rarunos que nos obliguen a empezar de nuevo en un número 1 o a descasarnos(aunque podría ser una explicación a la soltería treintañera de los dos blogueros que aquí escriben).
En fin, les decía que tengo un novio. Bueno, pues en los últimos meses se da un efecto muy curioso, cuando va a venir le ODIO con toda mi alma. Odio tener que recoger mi habitación llena de ropa por planchar, apuntes dispersos según lo que he ido mirando ese día, millones de chuminadas más que circulan sin control (¿quién no necesita 3 ratones usb en la mesilla de noche?), odio tener que hacer la cama, planchar la ropa para poder meterla en el armario, poner lavadoras para evitar posibles alergias... cuando va a venir tengo ganas de ser soltera, mandarlo todo al infierno y ser feliz en el pequeño hueco que me dejan en mi cama mi ropa, mi perra y mis apuntes.
La cuestión es que viene. Y yo voy a buscarle enfurruñadísima de la vida porque está aquí, y me cambia la vida... y creo que en realidad voy enfurruñadísima de la vida porque sé que estará aquí cambiandome la vida y va a tener menos tiempo de caducidad que una mayonesa hecha con huevos frescos en Écija en verano. Parpadeas y vuelves a estar con la perra, el novio y la maleta a cuestas para volver a dejarle en el aeropuerto donde, para colmo, han decidido que en julio mejor poner el aire acondicionado y que a 15ºC en la ciudad se está estupendamente.
Mi yo enfurruñado se derrite a la tercera o cuarta sonrisa preciosa, a las palabras cariñosas al oído, a su olor y sus abrazos... me dejo llevar y estoy perdida.
Hoy, directamente, he mirado el reloj, he visto que faltaban menos de 4 horas para que se fuera y me he puesto de mala leche. De la mala leche he pasado a la necesidad de abrazo ABSOLUTA, de ahí a los temblores, de los temblores al pseudollanto y de ahí a la crisis respiratoria de ansiedad. O no respiraba o parecía un zombi de "Soy Leyenda", aunque tengo que decir que es dificilísimo desmayarse por descontrolada que tengas la respiración, no lo he conseguido.
Cada vez le odio más cuando viene. Cada vez me duele muchísimo más cuando se va. Me destroza por dentro, me desgarra, me quita el hambre, me revuelve las tripas y me pone mala. Sí, sé que volverá, pero es que yo no quiero que VUELVA. Yo quiero que ESTÉ.
En fin, al final al aeropuerto nos ha tenido que llevar mi padre porque drogada como estaba yo era capaz de conducir al aeropuerto de Gando y quedarme tan pancha cuando empezase a entrar agua en el coche. Y tal vez sean los nervios de los exámenes hablando, pero cada vez llevo peor las separaciones y tener que ser yo quien vaya a dejarle en el aeropuerto me parece el acto más masoquista de mi vida.