Y por fin conocí a Pétalo.
Era la tercera vez que visitaba la mayor ciudad del archipiélago(es muchísimo más CIUDAD que Santa Cruz de Tenerife pero con mucho) pero teniendo en cuenta que estuve poquísimos días y que fue en 1996 y 2003, tampoco es que recordara gran cosa.
El viaje fue poco interesante ya que me limité a salir de mi casa a las 7:30 y coger un barco en el Puerto de Santa Cruz que zarpaba a las 8. Casi 3 horas después atracábamos en el Puerto de la Luz que es gigantescamente inmenso. Yo me fui directa al primero de mis 4 exámenes en 4 días consecutivos, gozando de una maravilla climática consistente en que hayan muchas nubes, haga sol y llueva bastante a ratos. Pasé por la Plaza de Santa Catalina a coger una guagua y rumbo al Centro Insular de Deportes. Al terminar cogí la misma guagua (4 días en tierras canarionas y sólo cogí una guagua, no sé para dónde van el resto pero aquella me llevaba del puerto a los exámenes y a casa de Pétalo, un lujo) y me fui a conocerla a ella.
A Pétalo la tengo en twitter, en facebook, en el msn y en el reader. De hecho acabo de poner su link en mi blogroll porque, aunque estoy acostumbrada a ir a sus posts desde sus cuñas publicitarias en su twitter o esperar a abrir el google reader, es una lata cuando quiero mirar comentarios nuevos. No, yo no activo seguimiento. Es extraño "conocer" a alguien y no haberle visto jamás. Conocía a un montón de personas que sí la habían visto, entre ellas Zor y Mentiroso. Había visto vídeos suyos, había escuchado su voz hablando con todo tipo de animalitos... pero hasta el lunes 16 de mayo no la había tenido delante.
Muchas veces cuando desvirtualizas a gente te quedas cortado, las cosas son diferentes y necesitas coger confianza. Con ella fue al revés, aunque hablamos habitualmente, no solemos pasarnos horas al msn ni cosas por el estilo, pero enseguida me conquistó; creo que fue porque me dio un abrazo y a mí me pirran. En fin, la muy loca me metió a mí, desconocida 1.0, en su casa, a convivir con ella, con sus padres y con sus conejos. Y con una obra de construcción de lo que parecía un avispero raruno en la ventana de la cocina.
La verdad es que sus padres fueran amables conmigo, sobre todo su madre, pero tengo que confesar que a mí los padres me dan pánico, mucho. Cuando conocí a los de Mentiroso tardamos casi 10 minutos en subir dos tramos de escaleras porque andaba muerta de risa histérica por el camino. Los conejos, sin embargo, fueron amor a primera vista. Brownie es tan rico como indica su nombre y tan bueno como indica su nick "Mascota del amor". Es un conejo grandecito, increíblemente peludito que se deja tocar durante horas con ganas y le gusta comer de la mano. Además me daba besitos con su lengüecita y me llenaba entera de pelos. Toffe, la Reina Princesa Khaleesi, sin embargo era... pues un amor. ¡En serio! Desde el día que llegué dejó claras dos cosas: "no metas la mano en mi casa sin invitación porque te salto encima" y "ráscame la cabecita, porfa". Después de conocerlos sólo veo un problema para tener conejos en casa y es que Eme moriría de indigestión de pelo.
Aunque fui por los exámenes, Pétalo y yo hablamos mucho y nos dimos algunos paseos dignos de mención y me llamó mucho la atención una escultura de guanches brincando y despeñándose. Hubo un día que me pasé más de 5 horas de trote por la ciudad, tan feliz porque no hay muchas cuestas. Ella me enseñó la parte de Vegueta y la Catedral, la playa de las Canteras, callejeamos por el centro y volvimos andando a su casa. Comimos helados, nos fuimos encontrando con locos a cada cual con la pregunta más absurda, visitamos la Casa de Colón donde un loro salvajérrimo me atacó por querer hacerle una foto, Pétalo se nego a bajar conmigo a una cripta, cenamos en un japo(y yo casi reviento de lo que comí), comimos bocadillos de pata asada con su sal correspondiente, visitamos un museo de esos de ver-y-tocar en el que la mitad de las cosas estaban algo rotas, nos enamoramos de muchísimas piedras de colores preciosísimos, atacaron a la pobre Pétalo desde una guagua-discoteca electoral con un caramelo y tuvimos de postre unos croissants de mantequilla riquísimos. Y eso sin mencionar los muffins que me hizo: tiernos, jugosos y esponjosos.
Ya sé que tengo que volver a su ciudad, y estoy deseando poder ver de nuevo a Pétalo. ¡Antes de que me la maten las arañas picadoras asesinas que la acosan!