Queridos seres y seras que me siguen por el twitter:
Lamento profundamente que vayan a verse obligados a saber de esto OTRA VEZ. Pueden saltárselo sin ningún problema pero quería dejar constancia en el blog.
Eme es una bonita perra de aguas española. Es doblemente española: por un lado es su raza y por otra nació en Málaga(y por lo que tengo entendido los malagueños no andan detrás de una independencia con la que poder andar haciendo juramentos sobre los
huesos de las momias de la zona) con lo que tiene pasaporte canino del Reino de España.
Aparte de ser una bonita
PDAE(aviso que el enlace tiene hasta musiquita) de secano, ya que el agua sólo la quiere para beber, es bastante indestructible; mi perra ha comido básicamente cualquier cosa, incluidas bolsas de plástico, y no sólo sigue viva es que la mamona no muestra fatiga digestiva alguna.
Bueno, habitualmente Eme tiene más o menos esta pinta:

Es decir, Eme habitualmente es un cruce entre perro y oveja con pinta de despistada y el rabo acaracolado hacia arriba. Lo del rabo es muy gracioso porque ella es el primer PDAE que vi con rabo(lo tradicional es cortarlo) y ahora siempre lo asocio a las hembras.
Bueno, pues una mañana de principios de noviembre la saqué de paseo y observé algo increíble; la perra llevaba el rabo tal que así:

Lo que viene a ser 1/3 normal y los otros 2/3 extra-rechupeteados y hacia abajo, lo nunca visto. En esos momentos, aparte de quedarme perpleja, me pregunté si la perra había conseguido hacerse un temendo nudo en el pelo que no le permitía levantarlo o había algo más; intenté tocarlo y ella chilló, lloró y pataleó. Empecé a temerme que lo tenía roto y por eso colgaba flácido, se lo habría pillado con alguna puerta de casa, con las del ascensor, se lo habríamos pisado... Me encontraba confusa porque no había oído un solo gemido y ella es muy de llorar si le haces algo que no le mola como romperle el rabo o pisarle una pata. Al final de esa tarde decidí llevarla al veterinario.
El veterinario me indicó que lo que tenía es una dermatitis provocada seguramente por picaduras de pulga a las que Eme es alérgica. No tenía la cola rota, sólo increíblemente inflamada y lo que le dolía horrores era la piel. Con mucho esfuerzo conseguí sujetarla y que raparan su rabito:

Apareció enrojecido, con algunas heridas abiertas, ligeramente supurante... Costó muchísimo conseguir controlarla para hacer la primera cura en la clínica. Antibióticos, agua oxigenada, betadine y una crema antibiótica tópica 2 veces al día durante una semana fue el tratamiento. Temblé pensando en tener que hacerle las curas yo sola los primeros días, en cómo quedaría yo cubierta de betadine y crema y en cómo lloraría ella de dolor, mirándome fijamente con sus ojazos preguntando silenciosamente "
¿Por qué haces esto? ¿No ves que me duele mucho?". Sabía que cuando lleváramos unos días y se encontrara mejor terminaría asociándolo y se dejaría, pero las primeras veces me iba a mandar a freír chuchangas.
Por si fuera poco encima tocó collar isabelino para estar por casa para que no lamiera los medicamentos. Oír a un perro ir por casa y tropezarse con todo o cómo mueve los cuencos intentando beber o comer no tiene precio:

En los días siguientes, con la mosca detrás de la oreja, decidí cortarle el resto del pelo cuando mejoró lo suficiente para que la ducha posterior no fuera una tortura china.
El resultado fue una perra hipermimada y pelona que durante semanas durmió en mi cama porque todo le dolía y necesitaba mimitos. El problema es que estamos diciembre y la perra sigue subiéndose a mi cama cuando me duermo.

"No, yo es que pasaba por aquí y vi que tenías frío en los pies y me dije que ya que estaba te los podía calentar, pero me he liado y me he quedado con la mitad de la cama sin querer."

Lo que tengo que reconocer es que desde entonces es un alivio verla de nuevo brincar despistadamente por la calle con su rabito acaracolado hacia arriba.