Estoy moña.
Supongo que hay algunas cosas que no deben hacerse cuando tienes la regla. Las despedidas son una de ellas, más que nada porque tengo la sensación de estar triste por ser excesivamente feliz. Y llevo todo el día con la lágrima en el ojo, que casi lloro con los instaladores del acumulador eléctrico, con el que me ha vendido las castañas, con la perra cada vez que me regala una de esas miradas intensas que parecen decir "te quiero una barbaridad, ¿no te doy penita? Hazme mimos" y allá que voy a cubrirla de besos aunque la gente crea que estoy loca.
Estoy felizmente triste. Tengo un día raro.