Comentario a "¿Y si...?"
Soy una de las pocas personas que ha acabado con los cabos sueltos personales, tuve dos de gran importancia y los dos tuvieron desenlace. Por mi experiencia comerse la cabeza con los "¿Y si...?" lleva a tomar la mala decisión de aprovechar la oportunidad con esa persona si vuelve a surgir. Lamentablemente la gente cambia.
La primera vez que me pasó fue con mi primer amor, a quien conocí en la guagua del colegio a los 12 años, me pasé dos años suspirando por él y luego se fue a otro instituto. Volví a encontrármelo en los exámenes de selectividad, cuatro años más tarde. Consideré dejar al que fue mi primer novio por él, ya que nunca dejé de quererlo(simplemente había dejado de verlo) y me di cuenta de que se pueden querer a dos personas a la vez. En aquella ocasión decidí apostar por mi relación(creo que es lo que hago siempre, soy una sentimental), pero años después me encontré soltera y le dije lo que había sentido durante años por él. Fue la primera vez y única vez que vi una bajada de azúcar en directo: se desmayó delante mía. El problema fue que yo no era la niña que conoció(odiaba pensar que yo ya había tenido novio, y a mí no me gusta no poder hablar de mi vida) y él se había convertido en alguien bastante amargado en estos años. No funcionó y a día de hoy sigue odiándome con la mirada cuando nos cruzamos por la calle. Lo que podía haber sido un bonito recuerdo de primer amor adolescente, se ha convertido en la tristeza de saber que esa persona no me aguanta porque no funcionamos juntos.
La segunda vez fue con N. Él se ha especializado en amargarme la vida desde 2001, aunque no es mala persona. Sólo es... él, y su forma de ser trata a patadas a la mía. El juego del perro del hortelano al que me sometió por entonces me llevó a terminar odiándole al cabo de dos años de indecisiones y juegos mentales. Aún así yo estuve profundamente enamorada de él(yo quiero un botón de on/off en el corazón y lo quiero YA) y en 2006 le escribí un email pidiéndole perdón por haber desaparecido y preguntándole qué tal estaba. El resto es historia: prometió hacerme feliz, no hizo el menor intento por cumplir su promesa y terminó dejándome en marzo del año pasado después de varias mini-rupturas previas. Aún se lo agradezco de todo corazón.
Las dos veces fui yo quien motivó el reencuentro, y aunque mi forma de ser me diga que no me arrepienta de las decisiones que tomé, parte de mí siempre piensa "pues ya me podría haber estado quietecita". ¿Qué he sacado de bueno? La gente amargada no mola, la gente que no sabe si te quiere no mola, la gente que es tan diferente con respecto a tu forma de ser que eres incapaz de sentirte feliz no mola. Eso sí, disfrutas mucho más cuando luego encuentras a una persona de "tu tipo", básicamente porque lo echabas de menos una barbaridad.
Conclusión: personalmente yo me quedaría sólo con los recuerdos. Creo que es verdad eso de que segundas partes nunca fueron buenas.