Momentos extraños de la convivencia
Durante el curso 01/02, en Sevilla, compartí piso con una loca que me mandaba mensajes SMS por internet amenazándome de muerte. Creemos que se trataba de un ataque de celos impresionante porque me llevaba mucho mejor que ella con un vecino gaditano, pero teniendo en cuenta que ella tenía novio y vivíamos con él, la cosa era un poco absurda. La pillamos por las faltas ortográficas, pero yo deje de dormir en casa.
Durante el año 2004, en Castellón, odié todas y cada una de las veces que el novio de una de mis compañeras de piso venía a casa. No entiendo cómo puede alguien manchar la tapa del wc por abajo de esa manera. Puaaaaaaaaaaj.
Además mis compañeras a veces hacían mariscadas los viernes y se largaban el fin de semana a sus pueblos. Mis opciones eran: dejar aquello sin limpiar y morir por el olor (no me gusta el marisco, y menos el que se queda fermentando) o limpiar y sentirme gilipollas. Señores: soy gilipollas.
En 2006, cuando empecé a compartir piso en Granada, tuve una mala relación con uno de mis compañeros. Básicamente se debía a una mezcla de orgullo, prepotencia, tartamudez y acoso por su parte, y a falta de paciencia a que me toquen los ovarios por la mía. Afortunadamente en febrero de 2007 se fue con la música a otra parte, no sin antes echarme en cara que había hecho de todo por llevarme al catre y que yo no me había dejado. Es la única persona en toda mi vida a la que he hecho llorar a conciencia y con toda la artillería. ¡Guanajo!
En 2009, en otro piso en Granada, mi compañero de piso P. se coló en mi habitación con nocturnidad (y no sabemos si alevosía porque no tiene ni pajolera idea de porqué amaneció allí). Lo curioso del caso es que él estaba en el salón cuando le dejaron solo, al lado de su habitación, y la mía está en el punto máaaaaaaaaaaaaaaaaaas alejado de la casa.
Afortunadamente ese fin de semana yo no estaba en Granada, porque es probable que lo hubiese matado.
Me planteo comprar una cerradura para mi cuarto y jamás irme a vivir con un cerrajero al que le guste el marisco.