Puente
Mañana a las 8 de la mañana voy otra vez a Sevilla, a casa de N.. Aparte de que espero no dormirme para coger la guagua(¿pero por qué he cogido esa hora, por qué?) tengo esperanzas en que se me regularice un poco el horario, porque entre series de tv, migrañas, pinchazos en el ojo y vómitos me he venido durmiendo a eso de las 9 de la mañana.
Vuelvo a coincidir en Sevilla con una de mis primas, con la que fui a NY. Y con la que estuve en octubre en casa de mis padres en Tenerife. Creo que no nos veíamos tanto desde 1986, cuando yo estaba convencida de que ella era realmente LA hermana de mi hermano, porque se pasaban el día juntos. Ventajas de tener la misma edad, ir al mismo colegio y vivir en el edificio de enfrente, supongo. Cuando pienso en lo diferente que hubiese sido nuestra vida en Madrid, ella es uno de los factores principales. Mis primos madrileños, mi hermano y yo habríamos sido amigos, compartido cumpleaños, salido de fiesta, hecho confidencias... cosas que hacíamos durante un mes en verano y quince días en navidad, pero no durante todo el año. Y me doy cuenta, ahora que vivo en la península, que cada vez que voy a la capital hay alguien a quien ver, un evento al que acudir, un cumpleaños, una cena, una reunión de primos, cosas que jamás había tenido en cuenta que ocurrían durante todo el año.
No cambiaría Tenerife, me gusta, me encanta. Pero también sientes que has perdido parte de tu esencia de familia grande, algo que no podrán tener mis sobrinos, que serán canarios, pero que sí tienen mis sobrinas segundas, que gozan de multitud de tíos-abuelos que se comportan como abuelos, y tíos-segundos que se comportan como tíos.