Entropía
Según Mi mesa cojea la entropía es "la tendencia natural a la pérdida de orden". En la wikipedia ponen unas definiciones más precisas, pero yo me quedo con la que más me gusta.
Soy una persona entrópica, en mi forma de ser, de enfocar las cosas y de dirigir mi vida; si es que en algún momento la he dirigido, porque hace tiempo que solté el timón y simplemente me dedico a mirar a dónde cojones voy.
Ahora mismo, en mi pequeña habitación reina el desorden absoluto: ropa por cada rincón, discos duros y cacharritos tirados por el suelo, apuntes desperdigados por doquier... Y encima hace frío, odio el frío.
Ayer me robaron la bicicleta en Sevilla. Llevaba 3 meses esperando que N. cambiara una cámara para traérmela a Granada. Por supuesto en 3 meses no lo hizo y ayer o anteayer cortaron la cadena y se la llevaron. Era una bicicleta de paseo vieja, fea y malpintada por mí, cuyo único valor real era un sillín la mar de cómodo que compré cuando me la regalaron. Hace 7 años un chico de Lepe me regaló mi primera bicicleta, y la verdad es que creo que esa bici debía tener más o menos mi edad, le fallaban los pedales, no tenía frenos, el sillín era incómodo y estaba en penoso estado. Pero era un regalo, una bici y era TODA mía.
Yo aprendí a montar en una bici compartida por los primos, un verano en un pueblo de la sierra madrileña. Creo que es posible que fuese en 1985. A lo largo de una tarde me enseñaron mi hermano y una de mis primas y, para cuando volvieron mis padres y mi tíos, pude mostrar orgullosa un relativo control del artefacto sin las ruedecitas laterales, y un montón de pupas en las rodillas de los intentos frustrados. Desde entonces montaba en aquella bici de todos cada verano, hasta que crecí tanto que ya no cabía y dejé de montar en bici.
En 2001 arreglé como pude la bici del chico lepero, la pinté de negro (fatalmente, pero bueno), aprendí a usar los frenos, a colocarle la cadena cuando se salía, le puse un sillín-sofá y se convirtió en mi mejor amiga en un mal año. Con ella me rompí mi primer hueso a los 22, con ella me fui cada día a recorrer Sevilla, a pasear al lado del Guadalquivir, a imaginar otros tiempos por las calles del barrio de Santa Cruz. Con ella fui dos veces a Isla Mágica ese curso y me llevó cada miércoles al cine en el Nervión Plaza. Con ella paseé a Coco en Semana Santa después de levantarme las plantas de los pies por culpa de una sandalias puñeteras y un paseo demasiado largo con el perro. Con ella me perdía en los sueños de la música de mi Soul Player.
Ayer me la robaron. Y ni siquiera me importa porque ayer perdí algo millones de veces más importante. Y no me lo robaron para poder echar la culpa a alguien.
PD: E. acaba de entrar a mi cuarto a darme helado porque me ve triste desde que llegué anoche a casa. Es un cielo, aunque me ha pedido una tarta a cambio.