Estoy verde por dentro
Nos lo estamos tomando con calma, como casi todo. Con decir que llevamos dos semanas con el proyecto de ir a un local a depilarnos que está a 5 minutos de casa y aún no lo hemos hecho...
Lo primero fue elegir la pintura y lo más difícil del proceso fue ir a la tienda de pinturas. Lo más complicado después de eso fue volver a una hora en que la tienda no estuviese cerrada. Al principio E estuvo mirando el púrpura cabaret, pero como no teníamos ganas de andar pintando puertas, mesas, estanterías y armarios de blanco, lo desechamos. Pasamos a mirar con detenimiento el naranja punk, que era muy fresquito y personalmente me recordaba mucho a las mandarinas, pero no convencía cómo podía quedar con los distintos tonos de madera de la habitación. Además yo sabía que a E le gustaba muchísimo cómo había pintado yo mi habitación, de modo que al final la convencí para que cogiera algo parecido al verde glamour pero en versión genérica, porque los botecitos de bruguer salían un ojo de la cara.
Cuando llegamos a casa descubrimos que habíamos comprado un verde casi exacto al de mi habitación, y se puso algo nerviosa. Fue sencillo tranquilizarla, mi habitación está en la otra punta del piso y es completamente imposible que veamos las dos al mismo tiempo. Además, para diferenciar existen los detalles. El bote de pintura se pasó unos días muertos de risa por culpa de nuestra ocurrencia de apuntarnos el gimnasio y las agujetas que tuvimos como consecuencia, hasta que en un ataque profundo de tontería por mi parte me dio por pintar de verde por detrás del radiador. Iba a ser un coñazo si no se hacía antes y se daba tiempo para poder pintar el propio radiador de blanco (porque entre lo guarro que estaba y que seguro que yo lo manchaba, habría de adecentarlo un poco). Pues haciendo el tonto, haciendo el tonto, E y servidora terminamos pintando una pared con brochas finas. El bricolaje es adictivo, en serio.
En fin, terminamos de pintar el resto del cuarto (con rodillo) cuando J se fue del piso, para que E pudiese dormir en la habitación libre y evitar morir asfixiada por vapores terribles. Lo siguiente fue reubicar la cama y la mesa y dejar que parezca una habitación normal en vez de tener una cama empotrada en un armario. La semana que viene tocará la peor parte: nos vamos de excursión al IKEA. Como yo ya había mirado el catálogo de la tienda sueca a fondo en septiembre, la convencí para que se compre cosas que me hubiese gustado tener a mí, pero que por un motivo u otro (confusión sobre el tamaño de una estantería, por ejemplo) no llegaron a materializarse. Necesita estanterías, mesita de noche o algo parecido, cortinas y dos lámparas.
Si la próxima semana alguien ve a 3 mujeres descojonadas en el IKEA Málaga con un Ford Ka de alquiler intentando llevarse una estantería Billy de 202 cm de altura atada con una cuerda de tender la ropa de color naranja... que nos salude y nos ayude, que nos va a hacer falta :D