Elegancia
La natural es aquella con la que algunas personas nacen y otras no. Hay personas a las que ves caminar, moverse, hablar o vestir de una forma que los humanos normales no podemos alcanzar. Esa mujer que se pone un vestido y parece una diosa griega que derrocha magia; que si me lo pongo yo parece que voy disfrazada de bolsa de basura de albal. Yo carezco por completo de elgancia natural, soy patosa, me golpeo con todo, no sé usar tacones ni faldas, llevando complementos soy lo peor y aún no he aprendido a peinarme.
La elegancia aprendida la da la educación. Y aunque tampoco soy una diosa griega con magia en esta categoría, no se me da demasiado mal. Me cuesta ser una falsa y por eso no sonrío a la gente si me cae como una patada en el culo, ni les pido recetas mientras les pongo a caldo por la espalda. Me fastidia terriblemente enterarme de que hay gente que me hace esas cosas a mí, y entonces esas personas pasan a caerme mal en un sentimiento compartido por primera vez pero yo, como mucho, mantendré una postura neutra que impida que el resto sepan lo que pienso de ti, porque creo firmemente en que la gente merece ser juzgada casi siempre por cómo te trata personalmente, porque normalmente no sabes de la misa la mitad sobre su historia con los demás. Por eso no suelo pregonar mis problemas y como mucho doy alguna pequeña pista con algún exabrupto ocasional del que ni doy nombres ni explico nada. Y cuando apuñalo (porque a veces lo he hecho) asumo mi responsabilidad y doy la cara. Y apuñalo usando MIS historias, no traiciono las ajenas aunque a veces me den ganas, sobretodo cuando me amenazan sin venir a cuento. Pero yo no traiciono ni la confianza del no-amigo si en algún momento yo pensaba que lo era.
La educación hizo que me costara empezar a hablar de Mentiroso porque considero que ahí fuera hay alguna persona a la que puedo herir. Pero éste es un blog personal y ésta es mi vida, no tengo otra que inventarme. Y si bien hay temas que no he tratado porque considero que harían daño a personas que aprecio o aprecié, me horroriza encontrar gente que no tiene tanta consideración. O consideración alguna. Y me alucina comprobar que, curiosamente, es la misma gente de la falsa sonrisa, aquellos a los que yo pensaba que caía bien hasta que te sacan a ostias de tu error totalmente por sorpresa. Y te da rabia ver como la gente, que no sabe de la misa la mitad, hasta les aplaude por un comportamiento que en realidad es vergonzoso, no ya porque haya ocurrido (todos somos humanos, todos cometemos errores) sino porque encima lo usan como espectáculo en el que lucirse, mientras que el público nada sabe de las lágrimas que aquello provoca en quien no las merece. Pero callas, porque esperas que algún día se pongan en evidencia, tratando a los demás como te trataron a ti. Porque simplemente mi elegancia aprendida me impide ser del mismo modo.
