Supercursitillas
Cuando yo tenía unos 10 años uno de mis tíos me regaló unas zapatillas Converse. De color verde oliva, altas, muy chulas... Aunque yo estaba acostumbrada a ir la mayor parte del tiempo con el uniforme del colegio y no podía ponérmelas casi nunca. Por supuesto esas zapatillas pasaron a las bolsas de donaciones unos años después de que el pie no me entrara ni de casualidad, pero siempre las he recordado con cariño y pensando que eran muy bonitas.Años después me he encontrado en ese trance que sigue a una ruptura sentimental y que suele provocar en mí la compra de cosas que habitualmente jamás compraría. Mi primer escotazo, por ejemplo, encontró un hueco en mi armario cuando mi primer novio me dejó.
Como voy con un poquito de retraso en el proceso, hasta ayer no sentí la necesidad de comprarme algo que no necesito para nada y que, habitualmente, jamás pensaría en comprarme. De este modo las super-cursi-zapatillas (supercursitillas para mí a partir de este momento) han llegado a mi vida:
Pueden meterse con ellas y conmigo libremente, pero que sepan que ¡me encantan y pienso ir demostrando mi cursilidad sin tapujos!

