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Otro añito más.
Ideado por Cattz
a las
13:28
La Nochevieja de 2008 fue una noche cualesquiera de cena navideña con mi familia materna. Todo el mundo contento, comida por doquier, besos a pares, mucho ruido... pero hubo algunas pequeñas discrepancias con respecto a años anteriores:
- Este año además de cordero tuvimos cochinillo. Agradecí una variación en el menú, constante durante tanto tiempo en mi vida.
- Mi abuela cada año está más sorda pero sigue igual de cotilla. Realmente sorprenden alguna de sus interpretaciones de lo que decimos. Luego le echamos la bronca por no ponerse el audífono y se enfurruña. Es tan mona...
- Las primeras dos campanadas me pillaron en el baño por beber demasiado. Jamás pensé que tuviera ganas de hacer pis un minuto antes de tener que comerme las uvas. Maldito, maldito, Lambrusco.
- Una de mis primas pequeñas se ha vuelto gilipollas en dos años. No sé si despertará de su espiral destructiva a tiempo para salvar el corazón de mi tía, espero que sí. Sobre todo porque en realidad no es culpa suya, sino de la falta de límites y control que ha tenido toda su vida. Ante casos así hasta me siento una buena hija y todo.
La entrada al año nuevo fue... curiosa.
- Primero tuve que ir por calles desconocidas hasta una estación de metro desconocida en medio de lo que parecía la 3ª Guerra Mundial por culpa de tanto petardo. Aún soy joven y mi corazón resistió, pero dudo que pueda controlar tanto mis ganas homicidas la siguiente vez.
- Después caía en la trampa de Metro de Madrid: un experimento para ver si 200 personas apretujadas en un vagón de metro cerrado y parado en una estación se volvían locas en 10 minutos. El hecho de que sea invierno y lleváramos todos abrigo cuando dentro la temperatura se elevaba por encima de los 30ºC no mejoraba las cosas. Afortunadamente mi hermano me llamó para felicitarme su año nuevo, lo que permitió que me distrajera. Aun así pasé bastante de sus indicaciones de que besara y saludara a todos a mi alrededor, supuse que creía que me encontraba aún con la familia.
- Cuando por fin llegué a Casa Be, con mi sempiterna mochila cocineril a cuestas, creo que me tomaron por loca. Al menos la cara del Hombre Malo y Somófrates registraba una clara preocupación por mi forma de abalanzarme sobre el agua potable, en un intento de rehidratarme después de la dura prueba subterránea.
- Más tarde me dieron un mojito (casi sin azúcar, cuando soy prácticamente adicta a la glucosa) y no me dejaron cocinar, decían que no tenían hambre, ni fregar los platos. Lo de los platos es algo extremadamente curioso, porque su forma de saludarme cuando llego a la casa ya consiste en mirarme seriamente y decir "no friegues". Tampoco es que me pase la vida fregando platos cuando visito a la gente pero ¡si cocino tengo que limpiar lo que mancho! Y como estaba cocinando en casi todas las visitas...
- Be intentó un secuestro express conmigo. Yo llevaba tacones y se deslizaban peligrosamente sobre el parqué que tan cuidadosamente encera. Empiezo a plantearme si lo de cuidar tanto el suelo es una forma de poder disponer fácilmente de sus víctimas (¡¡es bromita!!). Como yo estaba en plan "casero total/tacones/nopiensoponermemisotroszapatosparasalirenNocheviejaantesmuertaquesonelhorror" no me dejé y escondí la cabeza detrás de un cojín. Lo sorprendente es que funcionó. A la próxima pruebo a taparme los ojos nada más, en plan "cucú trás".
- Somófrates se metió conmigo por ir arreglada y maquillada. ¡¡¡Si no lo hago en un día así no lo haré nunca!!! Pareció ponerse contento cuando me desmaquillé, me puse algo menos festivo y cambié mis monísimos zapatos de tacón por unas playeras (que son mucho más útiles en el metro).
- Me pasé toda la noche riéndome y escuchando anécdotas, relajadita tirada en un sillón. Como mi perra viene a vivir conmigo en breve ya sabía que a mi año le tocaba ser casero.
- Al final no hice Mousse de chocolate ni nada. Pero mi madre me mira raro por llevar tuppers, separaclaras e ingredientes de un lado a otro de Madrid de paseo.
- Dormí dos horas y media en Casa Be, me marché a las diez y media de la mañana y acerté. Llegué justo cuando mi familia se había levantado a desayunar, sin tener que despertar a nadie. Me encantaría tener llaves, pero la vez que me las dejaron echaron la cadena de la puerta, con lo que tuve que llamar para poder entrar de todas formas.
- Hice una tarta de calabaza y me di cuenta con horror de que el horno de mi abuela es muy pequeño. Un 66% de desastres en la cocina para mi familia...
- Fui al cumpleaños de una de mis tías y me confundieron con mi hermano o algo, porque terminé sentada delante de un ordenador con Windows Vista (odio, odio Vista) quitando antivirus malos, poniendo antivirus gratuitos buenos, cambiando la clave WEP del wifi por una WPA, desinstalando programitas que eran un incordio y poniendo en marcha la impresora con escáner que llevaba un año sin funcionar. A veces me da miedo pensar en que puedo convertirme por andar rodeada de tanto Geek. Yo tendría que ser una analfabeta de los cacharritos, como cualquier damisela en apuros. Dudo que un príncipe azul se parara a ayudarme si yo ya hubiese dado cuenta del dragón solita y me hubiera hecho un bolso con la piel.