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Síndrome Lanjaron
Ideado por Cattz
a las
23:37
Definitivamente la publicidad de Lanjaron va a ser cierta y el agua de Granada añade juventud. En esta ciudad puedo salir un viernes y sábado del mismo fin de semana hasta las tantas, comer tapas durante todo el día, beber como si fuera rusa, bailar como si fuera epiléptica y reirme toda una noche sin mayores problemas.
Sin embargo, mis poderes de juerga se ven reducidos al salirme del área de influencia (que me ha recordado al Capitán Britania en Inferno, sin poder levantar el vuelo en yankilandia por encontrarse demasiado lejos de la Gran Bretaña) y ha quedado demostrado visiblemente:
- El primer sábado que pasé en Tenerife me fastidié la cadera durmiendo. Solita, sin ejercicios acrobáticos nocturnos o diversiones de cualquier tipo. Las siguientes dos semanas me arrastraba lastimosamente por ahí, deseando volver al sofá cuanto antes.
- En Madrid fastidié cualquier posibilidad de juerga loca nocturna por Chueca por glotona. Y luego habrá gente que considera que como poco... ¡¡estaba empachada!! Unos dolores terribles fueron la consecuencia de un absolutamente delicioso chuletón en el Albur. Tal vez la solución más fácil habría sido vomitar aquello (o haber tenido en cuenta que mi yaya ya me había sobrealimentado a la hora de la comida) pero me parecía un pecado, con lo rico que estaba. Afortunadamente tuve un anfitrión amable y considerado que se dedicó a ponerme capítulos de la segunda temporada de The Big Bang Theory en el impulso sádico de ver cómo me retorcía de dolor por culpa de la risa. Y me preparó una tila y toallitas calientes para la tripa, pero estoy convencida de que las series de humor y el que viva en un tercero sin ascensor eran parte del plan de tortura.
Sin embargo, mis poderes de juerga se ven reducidos al salirme del área de influencia (que me ha recordado al Capitán Britania en Inferno, sin poder levantar el vuelo en yankilandia por encontrarse demasiado lejos de la Gran Bretaña) y ha quedado demostrado visiblemente:
- El primer sábado que pasé en Tenerife me fastidié la cadera durmiendo. Solita, sin ejercicios acrobáticos nocturnos o diversiones de cualquier tipo. Las siguientes dos semanas me arrastraba lastimosamente por ahí, deseando volver al sofá cuanto antes.
- En Madrid fastidié cualquier posibilidad de juerga loca nocturna por Chueca por glotona. Y luego habrá gente que considera que como poco... ¡¡estaba empachada!! Unos dolores terribles fueron la consecuencia de un absolutamente delicioso chuletón en el Albur. Tal vez la solución más fácil habría sido vomitar aquello (o haber tenido en cuenta que mi yaya ya me había sobrealimentado a la hora de la comida) pero me parecía un pecado, con lo rico que estaba. Afortunadamente tuve un anfitrión amable y considerado que se dedicó a ponerme capítulos de la segunda temporada de The Big Bang Theory en el impulso sádico de ver cómo me retorcía de dolor por culpa de la risa. Y me preparó una tila y toallitas calientes para la tripa, pero estoy convencida de que las series de humor y el que viva en un tercero sin ascensor eran parte del plan de tortura.