La culpa es de los plátanos
Mi portátil empezó a dar muestras de no estar bien a principios de marzo. Parpadeos en la luminosidad, pérdida de imagen, brillo poco adecuado, etc., nada que no se arreglara abriendo y cerrando la tapa. Hoy en día al pobre le importa un huevo que lo desconectes o no de la corriente eléctrica, de día con las ventanas abiertas no verás un pijo.
Por supuesto la garantía cumple el 24 de agosto. Servidora había hecho tímidos contactos para averiguar cómo hacer uso de la garantía desde marzo, pero separarse del resto del mundo era considerado peor que haberse gastado los 3.000 euros de la operación de miopía para nada, ya que en breve conseguiré gafas de culo de vaso.
Hoy he preparado la fuga del curro, hice acopio de instrucciones del Google Maps (¿calle de la A? ¿dónde cojones está la calle de la A?), me perdí dos veces yendo en coche (por suerte fui lista y di la vuelta antes de llegar a Granada...) y he dejado a mi pequeñín en el médico. Me han hecho la promesa de que después de revisarlo me lo devolverán hasta que llegue la pieza. Deseadme suerte y espero que no se pongan a mirar las fotos que recuperé del viejo disco duro de mi sobremesa o se me caerá la cara de vergüenza.